
El Banco Central de Cuba anunció la introducción oficial de dos nuevas denominaciones monetarias en un intento por mitigar los severos efectos de la inflación y la actual escasez de efectivo. A partir del primero de abril del presente año, el sistema financiero de la isla comenzará a distribuir de manera gradual billetes de dos mil y cinco mil pesos cubanos. Las autoridades monetarias explicaron que esta decisión responde a la urgente necesidad operativa de manejar grandes volúmenes de efectivo en las transacciones comerciales cotidianas, buscando así reducir los altos costos logísticos en medio del complejo panorama económico.
El despliegue de estas nuevas piezas comenzará de forma exclusiva en la ciudad de La Habana con el billete de mayor denominación, para posteriormente extender su circulación hacia el resto de las provincias del país y sumar progresivamente la denominación de dos mil pesos. Como un hecho histórico para la numismática de la isla, estas nuevas emisiones incluirán por primera vez los rostros de importantes figuras femeninas. El papel moneda rendirá homenaje a Mariana Grajales, madre del líder independentista Antonio Maceo, y a Celia Sánchez, destacada funcionaria pública tras el triunfo de la revolución.
Devaluación monetaria y crisis financiera
La llegada de estos billetes ocurre en el marco de una profunda crisis estructural que arrastra la economía cubana desde hace más de seis años. La devaluación constante de la moneda local en el mercado informal ha provocado que el peso cubano marque mínimos históricos, llegando a cotizarse hasta en quinientas quince unidades por cada dólar estadounidense. Para intentar frenar esta depreciación iniciada tras la fallida reforma monetaria del año dos mil veintiuno, el Banco Central implementó recientemente una tercera tasa de cambio flotante orientada a los exportadores, la cual coexiste con las tasas oficiales previas.
Especialistas económicos señalan que esta inmensa presión inflacionaria es el resultado de una difícil combinación de factores internos y externos. Las políticas monetarias nacionales, sumadas a los remanentes de la crisis sanitaria global del coronavirus y al endurecimiento de las sanciones comerciales impuestas por Estados Unidos, han paralizado el desarrollo económico. La situación se deterioró aún más desde principios de año debido a los bloqueos energéticos que limitan gravemente el envío de combustible a la isla caribeña, profundizando la escasez crítica de alimentos, medicinas y recursos básicos para la población.